
Mi relación con Cube es casi considerable de miedo en sí misma.
Hace muchos, en una noche oscura, metido en un autocar con 54 jevis, me encontraba viajando rumbo norte al festival Wacken Open Air al ladito de Hamburgo.
Todos mis amigos se rajaron en el último momento y yo, por mis tegumentos procreativos de acero, me fui "sólo" a un festival donde me vería enfrentado a 20mil melenudos.
Una voz proclama que "Vamos a ver Cube", pronunciado Q-B, nada de esa moñería inglesa. Mi escepticismo primigenio y virginal, completamente destrozado por 4 horas de vídeos de Gamma Ray, se encontraba de los más feliz por no tener que ver a Kai Hansen dando botes por todos lados.
No tenía ni idea de que estaba apunto de ver una peli que me iba a dejar una sensación de angustia que duraría unas 3 semanas.
Cube es una peli de Vicenzo Natali de 1997 que en sí, no es una película de terror.
Hay sangre y la gente muere, pero no hay un asesino físico, y lo que realmente se desprende de la película es acongoje y angustia, y ante todo, un no saber qué cojones está pasando, ni porqué.
Algo así como Lost, pero con gente fea.
Aunque hay algún que otro momento de mayor intensidad y gore más adelante, en una película de la que no sabes nada, no hay nada como el inicio de Cube, donde en 10 segundos te clavan en el asiento, te encogen el corazón y te se quedan con toda tu atención.
El inicio, como no suele pasar, nos enseña un tío dormido y en proceso de despertación en una habitación cuadrada que por falta de calificativos correctos, diremos que es "rara de cojones".
Las paredes están cubiertas de paneles autoilumiados, y en el centro de cada una de ellas hay una escotilla.
A excepción de la gravedad, no hay nada que deje intuir un techo o un suelo.
En estos momentos, la perplejidad del autocar era total.
Prácticamente se podían contar por cabezas el número de cejas arqueadas en plena predisposición a empezar a gritar obscenidades para intentar parecer el macho alfa del grupo de melenudos.
Nuestro personaje se pone a abrir las compuertas y a echar un vistazo a través de cada una de ellas.
Se queda mirándolas, como si no estuviese muy seguro de que ese sea el camino a seguir, cerrando cada estancia, y dirigiéndose a la siguiente.
Cada una de las habitaciones adyacentes son cubos completamente idénticos al que se encuentra el personaje.
Lo único diferente es la luz que ilumina los paneles de las paredes de cada cubo.
Aquí, el espectador, totalmente perdido, empieza a tener esa sensación de que o bien estamos delante de algo alucinante, o que va a ser el truño más grande de la historia.
Lo que está claro es que estamos enfrente de algo muy raro y que no hemos visto jamás.
No sabemos qué cojones hace el tío este dentro de estos cubos, no sabemos que se supone que debe hacer, pero la forma en que cierra las puertas a cada uno de los cubos que no le hacen gracia empiezan a hacer dudar.
La confusión y la curiosidad ha conseguido llamar la atención de los heavys del autocar. Yo sigo pensando que en el cubo de arriba, el único que no ha sido inspeccionado, está Kai Hansen tocando Land Of The Free.
Finalmente, el hombre se decide por el cubo de color marrón, y empezamos a tener la sensación de que este tío se va a comer un buen ídem.
Los pasos son cortos, los pasos son inseguros, la pose es de esas de "que me quede como estoy".
El espectador todavía no sabe qué cojones está pasando y no sabe muy bien qué esperar.
Y de repente...algo a pasado!
Ha habido como un corte de aire, un ruido furtivo, y la mirada de "glups" del personaje nos dice que algo ha pasado.
Pero qué?? Se ha encontrado con otra persona? Se ha abierto una de las compuertas? Está tocando en un rincón Kai Hansen?
Se le ven unas líneas marcadas en la cara...y sangre empieza a brotar de las heridas.
No sabemos que ha pasado, pero este tío tiene cada de flipado y hay sangre brotando de sus cara.
Joder, la mano se le deshace al más puro estilo "Jenga".
Un nuevo plano de la cara nos muestra al este personaje desconocido partiéndose por la mitad.
En este momento, el silencio es total en el autocar, los ojos de todo el mundo del tamaña de pelotas de tenis.
Y finalmente, en el plano a cuerpo concreto, se ve al tío desmontándose completamente a daditos en un montón de carne y ropa en el suelo del cubo.
Es en este momento cuando todas las mandíbulas se descuelgan rebotando contra el suelo y el silencio es absoluto.
Flipados, y sin saber qué coño ha pasado, nos quedamos mirando la pantalla sin saber qué hacer ni qué decir.
El último momento de la escena de introducción de la película nos muestra lo que se ha cargado al único personaje que hemos visto.
Una especie de reja de metal, descolgada con violencia desde el techo y lo suficientemente fina como para hacer sushi de un cuerpo humano.
Es en este momento, cuando los que somos algo más remilgados y asustadizos, estamos apretados contra el asiento alucinados por lo inesperado de un inicio tan bestia, y cuando se empiezan a oír los primeros vítores y gritos de aprobación de todos aquellos que están más acostumbrados al gore y los sustos.
A partir de aquí, en un inicio que ya te ha dejado hecho pulpita de humano, la peli sigue angustiándote y dejándote perplejo, y te deja con una paranoia mental que pocas películas pueden igualar.
No recuerdo un inicio que me haya sorprendido tanto.
Lo mejor de todo es que la peli dejó una huella tan honda en todos los que la vimos, que durante los 7 días que estuvimos en Hamburgo, aleatoriamente, alguien gritaría "Cube" y el resto gritaríamos "Cube" en respuesta.
Sé que es un comportamiento sólo atribuible a primates medianamente evolucionados, pero fue tan divertido, que en el viaje de vuelta, volvimos a ver Cube, sólo para poder gritar "Cube" cada vez que alguien diñaba.
Toda una experiencia de angustia, sangre, confusión y gente frenética, encerrada en un autocar durante 24 horas.
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