Día 13 y no es precisamente música celestial lo que suena en mis oídos.
Seguramente por la flauta irritante del niñito del calendario.
Uy, yo no sé qué tiene esta gente con el muérdago, pero parece que últimamente se lo enchufan a todo.
En esta ocasión a una velita.
Las velitas molan. Me recuerdan a la hora del té y me ayudan a apreciar la electricidad, porque hace no tantos años, la gente tenía que ir por casa con una puta vela a todas partes, lo que puede ser una de las existencias más deprimentes imaginables.
Y no quiero decir que una noche tenga su rollito pasarla a la luz de las velas. Pero imaginaos cada noche, tener que ir encendiendo velas porque no se ve un pijo.
Brrrrr.
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