Empiezo a tener la sensación que ni con 15 temporadas de Heidi se podría llegar a los niveles de ñoñería y cursilería que este calendario de adviento trae consigo.
Yo estoy siempre a favor de los detalles, de "hacerte tuyo" un dibujo, de moldear lo que pasa a todos los niveles con una orientación conjunta, pero me parece que aquí estamos cruzando la línea de la salud mental.
No soy yo quien vaya a comentar sobre la campanita en la Luna. Me salen 200 explicaciones de carácter sexual, 15 de carácter ofensivo y por lo menos uno que incluye una tuna, un mono capuchín y 600 kilos de sardinas.
Si eso ayuda a alimentar el espíritu navideño, pues adelante, pero a veces el precio parece demasiado caro.
El dibujo no se ve muy bien, pero se trata, a grandes rasgos, de una guirnalda, con algo de muérdago para no perder la antigüedad.
Vendría a ser una de esas guirnaldas que se cuelgan de las puertas, o de las que se utilizan como centros de mesa.
No negaré que tenemos uno igualito que sacamos para las fiestas, pero en nuestra puerta siempre luce un calcetín enorme con pingüinos patinando sobre hielo.
Qué le voy a hacer...me molan lo pingüinos.
Ah, y esta es la mejor chocolatina desde hace unos días. Nada para tirar cohetes, pero tampoco como para salir a las calles quemando banderas y cajeros automáticos.
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